Había una vez una pulga que vivía en el cuerpo de un perro callejero,
un chucho abandonado y lleno de pulgas hasta en el rabo, un día acertó
a pasar cerca una caniche, toda ella limpita, blanquita con sus
ricitos... y la pulga no se lo pensó dos veces, saltó al cuerpo de
aquella preciosidad, en su interior se decía: voy mejorando y estoy
mejorando socialmente, ahora me codearé con pulgas de alta categoría.
Pero allí no había pulgas, porque la dueña de la caniche vigilaba "las
mascotas" que adquiría su "cuchicuchi", así que saltó al lomo de un
caballo de un policía que estaba haciendo la ronda cerca del caniche,
donde se creyó ya en lo más de su nivel social, pues había pasado de
un perro abandonado a un caballo ¡nada menos!
Quiso las circunstancias que un día volviera a encontrarse con el
perro donde antes vivía... y desde lo alto del caballo, les grito a
sus antiguas vecinas: ¿Véis que poderosa me he vuelto ahora?, ¿véis
que importante soy?
A lo que una pulguita chiquita le dijo, pues yo diría que sigues
siendo una pulga, montes en el lomo que montes exvecina.
Y es que una pulga seguirá siendo pulga esté en un perro vagabundo o
de lujo, en un gato, en un caballo o en un ser humano.
Colorín, colorado, cuento contado, cuento acabado.
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